El Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española (2026; en línea: https://dle.rae.es/) registra choclo como una voz procedente del diminutivo latino soccolus ‘zapato ligero’, derivado de soccus, étimo que también dio origen en español a las palabras zueco ‘zapato de madera de una pieza’ y zócalo ‘cuerpo inferior de un edificio u obra, que sirve para elevar los basamentos a un mismo nivel’, vinculando un tipo de calzado antiguo con elementos que sirven como base en la arquitectura.
De acuerdo con lo que hemos averiguado, choclo designaba una especie de calzado de madera o de suela gruesa, mientras que chanclo era una sandalia que se colocaba debajo del calzado para protegerlo de la humedad y del lodo. En la antigüedad, como también señala don José G. Moreno de Alba quien fuera académico y director de esta corporación en sus Minucias del lenguaje (https://academia.org.mx/consultas/obras-de-consulta-en-linea/diccionario-minucias-del-lenguaje), el choclo tendría, con respecto al zapato, una relación de superposición; esto es, que se trataría de prendas que pueden llevarse simultáneamente sobre un mismo lugar del cuerpo, como el conjunto camiseta/camisa/saco; aquí se puede hablar de calcetín/zapato/choclo. Sin embargo, en el español mexicano, el vocablo choclo tiene otra acepción. Tanto los zapateros como las tiendas de zapatos distinguen entre el calzado un zapato de tipo choclo de una bota, por ejemplo. Si esta última resguarda el pie y parte de la pierna (puede simplemente cubrir el tobillo), aquél, en el español mexicano, designa un tipo de calzado que sólo resguarda el pie. Además normalmente cuenta con cintas o agujetas, y más recientemente con velcro, con lo que vendría a oponerse también al mocasín, que no las tiene. Por tanto, en México choclo entra en un conjunto de oposiciones entre diversos tipos de calzado, como bota, pantufla, huarache, sandalia, zueco, etc.
Según hemos visto, este significado ya se encontraba asentado desde las primeras décadas del siglo XX. Una de las documentaciones más tempranas aparece en el Diario Oficial de la Federación de 1936, donde se establecen tarifas para la industria hulera, distingüiendo diversos tipos de calzado:
tratándose de choclos, zapatillas, borceguí sin guarnición y amarrado se pagará a $ 3.00 ciento de pares de zapatos de ínfima calidad y $ 3.50 el ciento de pares en los zapatos de choclo o zapatilla standard. (Contrato Colectivo de Trabajo de la Industria Hulera, Tarifas. Diario Oficial de la Federación, miércoles 18 de noviembre de 1936. Disponible en https://tinyurl.com/4tryv2m9).
A continuación, adjuntamos el texto "Choclo", de José G. Moreno de Alba, publicado en su libro Minucias del lenguaje (México: FCE, 2003), disponible también en línea en nuestra página electrónica, para mayor detalle.
LA VOZ CHOCLO, diferente del quechuismo homónimo que significa 'mazorca tierna de maíz' y que tiene extenso uso en Sudamérica, procede del diminutivo latino soccolus, que a su vez es derivación de soccus, que en español produjo zueco. Choclo es, según los diccionarios, un chanclo de madera o suela gruesa. Por su parte, chanclo viene a ser una especie de sandalia que se pone debajo del calzado y se sujeta por encima del pie con tiras de cuero, y sirve para preservarse de la humedad y del lodo.
Según esa definición, para el dialecto madrileño (entre otros) el choclo tendría, con respecto al zapato, una relación que Roland Barthes calificaría de sintagmática; esto es, que se trataría de prendas que por yuxtaposición pueden llevarse simultáneamente sobre un mismo lugar del cuerpo. Como el conjunto camiseta/camisa/saco, aquí se puede hablar de calcetín/zapato/choclo.
Ahora bien, en el español mexicano, me parece, el vocablo choclo tiene otra acepción. No sé si todavía hoy, pero hace tiempo cualquier zapatero distinguía, por ejemplo en calzado para niños, un choclo de una bota. Si esta última resguarda el pie y parte de la pierna (puede simplemente cubrir el tobillo), aquél, en el español mexicano, designa un tipo de calzado que sólo resguarda el pie. Además normalmente cuenta con cintas o agujetas, con lo que vendría a oponerse también al mocasín, que no las tiene.
Como se ve, en el sistema léxico del español mexicano el choclo no establece con zapato una relación sintagmática, sino paradigmática (o sistémica, en terminología de Barthes), pues forma parte de un grupo de prendas que no pueden llevarse simultáneamente y cuya variación corresponde a un cambio del sentido expresado por el vestido. Así como cachucha puede formar parte de un grupo del tipo de tocado/boina/sombrero de ala ancha, en el español de México choclo entraría en un conjunto de oposiciones paradigmáticas como bota/pantufla/huarache...
Es evidente que muchas veces una diferencia léxica puede afectar no sólo la nómina de vocablos de un dialecto dado, sino también, estructuralmente, el sistema de oposiciones en un determinado campo semántico.






